COMO PUEDO CAMBIAR PARTE V La Oración

LA ORACION

La oración es nuestra cuerda salvavidas de comunicación con Dios. A través de la oración tenemos una avenida para acercarnos a nuestro Padre celestial y expresar nuestra gratitud y comunicarle nuestras necesidades. Es una oportunidad de múltiples facetas para tener comunión con el Creador del universo. La oración consistente, persistente nos cambia tan profundamente como cualquier otro medio usado por el Espíritu Santo.

La Biblia nos anima, “Oren en el Espíritu en todo momento, con peticiones y ruegos. Manténganse alerta y perseveren en oración por todos los santos” (Ef 6:18). Hay por lo menos tres clases de oración que contribuyen grandemente a nuestra santificación. Examinémoslas individualmente.

La oración como un clamor de liberación del pecado. Es difícil imaginarse una situación más desesperante que en la que Jonás se encontraba. Habiendo desobedecido el mandato de Dios de ir a Nínive, acabó en el estómago de un gran pez. La oración era su única esperanza:

Entonces Jonás oró al SEÑOR su Dios desde el vientre del pez. Dijo: ‘En mi angustia clamé al SEÑOR, y él me respondió. Desde las entrañas del sepulcro pedí auxilio, y tú escuchaste mi clamor’. (Jon 2:1-2)

No importa cuán desesperante sea el predicamento, nuestro primer paso para ser liberados del pecado es siempre hacia el Señor. Este paso se logra a través de la oración. Cuando yo sé que he pecado, la salida no es complicada – sólo difícil. El Espíritu Santo me dirige a clamar pidiendo misericordia, a confesar mi pecado, y a pedir perdón.

La promesa de Dios está clara: “Si confesamos nuestros pecados, Dios, que es fiel y justo, nos los perdonará y nos limpiará de toda maldad” (1Jn 1:9). La palabra griega que se traduce aquí como “confesamos” significa “decir la misma cosa” – estar de acuerdo con Dios de que en verdad hemos pecado. Él ya sabe cuál es nuestro pecado. Él solamente está esperando que nosotros nos hagamos responsables del pecado. Una vez lo hagamos, Él promete perdonarnos y purificarnos. Yo encuentro interesante que la base para el perdón de Dios no es su misericordia, sino más bien su fidelidad y justicia. Podemos someter con confianza nuestras peticiones a Dios por lo que Jesús hizo por nosotros en la cruz.

La oración por libertad de pecado es una manifestación de verdadero humildad. Y humildad es necesaria para experimentar gracia.

4¿Cuál de los siguientes considerarías ser pecados dignos de arrepentimiento? (Marca todos los que apliquen.)

❏Dejar un poco de chicle masticado debajo del asiento frente al tuyo en la iglesia.

❏Fantasear brevemente de que tu suegra se ha mudado a Nepal.

❏Doblar a la izquierda con la luz en rojo en el único semáforo en el pueblo a las 2:47 a.m.

❏Dejar que pase una semana sin bañar a tu niño pequeño.

❏Tirar una lata vacía de refresco que pudo haber sido reciclada.

No sólo te sientes ahí solo o apartado colgando la cabeza, y sacudiéndola y mordiéndote los puños preocupado y buscando una salida, sin nada más en tu mente que lo malo que te sientes, cuánto sufres, qué pobre tipo eres. ¡Levántate, perezoso tunante! ¡De rodillas! ¡Levanta las manos y los ojos al cielo!
— Martin Luthero

Medita en Salmo 86:1-7. Aunque merecemos su ira, Dios nos ama grandemente cuando clamamos pidiendo liberación del pecado.

La oración es una petición de dirección. Yo recuerdo los tiempos justo antes de pedir a mi esposa que se casara conmigo. ¡Vaya, si en serio quería recibir dirección de parte de Dios! Sólo la cantidad de las oraciones pidiéndole dirección debió haber comunicado claramente al Señor que yo de verdad quería saber cuál era su voluntad.

Recibir dirección tiene que ver con más que solamente la oración, por supuesto. Por ejemplo, exige de estudio bíblico y fiel aplicación de la sabiduría que ya poseemos. Anticipa que tengamos una sincera determinación para hacer la voluntad de Dios suceda lo que suceda, y una disposición a oír la multitud de consejeros que misericordiosamente Él pone a nuestro alrededor. Pero la oración es primordial en la dirección simplemente porque nos mantiene en constante contacto con Aquel que nos dirige por sendas de justicia por amor a su nombre (Sal 23:3).

Nadie puede reducir a una fórmula la verdadera dirección. Consiste en oír y obedecer, una relación constante reforzada por la comunicación regular, y en reposar en las seguras promesas de Dios. Mi propia opinión es que el cristiano que se propone a hacer la voluntad de Dios encontrará muy difícil no ver esa voluntad si es que es una persona de oración.

 

La oración como sumisión a la voluntad de Dios.En el huerto de Getsemaní, Jesús hizo la oración más conmovedora de todas: “Padre, si quieres, no me hagas beber este trago amargo: pero no se cumpla mi voluntad, sino la tuya” (Lc 22:42). Iba acompañada de un fuerte clamor a Dios y una presión tan intensa que Cristo sudó gotas de sangre. Fue expresada cuando estaba sin la compañía de ningún ser humano, porque sus amigos más cercanos se habían dormido. Nuestro Señor estaba solo. Aquí, en su hora de mayor prueba, Jesús nos dio un modelo de verdadera sumisión, una humildad que lo cualificó para heredar la tierra.

Hacia el final de la Segunda Guerra Mundial, los aviones aliados hicieron llover sobre Alemania grandes bombas incendiarias. Ciudades como Dresde y Hamburgo quedaron completamente destruidas. Uno de los sobrevivientes de Dresde fue John Noble, un ciudadano norteamericano que junto con su familia fue puesto bajo arresto en su casa cuando estalló la guerra. (John Noble, I Found God in Soviet Russia (London: Lakeland, Marshall, Morgan and Scott, 1959) Tenía 22 años de edad.

Después que se rindieron los poderes del Axis en 1945, John esperaba volver a los Estados Unidos. Pero los comunistas soviéticos controlaban ahora esa parte de Alemania, y ellos tenían otros planes para él. Fue encarcelado bajo un pretexto y durante los próximos diez años fue sujeto al más inhumano trato que uno se pueda imaginar. Sólo una pequeñísima fracción de los prisioneros sobrevivieron. Los que habían padecido bajo los alemanes y los comunistas dijeron que aunque los nazis eran mucho más crueles y vengativos en su trato de los prisioneros, los comunistas eran más mortíferos, ya que sistemáticamente hacían morir de hambre a los que estaban en sus garras.

Para más estudio: Lee Hebreos 12:7-13. ¿Qué promesa encontramos aquí que nos motiva a someternos a Dios?

Aunque Noble se había criado en un hogar cristiano, su fe no se extendía mucho más allá de la asistencia superficial a la iglesia. Se daban gracias a Dios antes de comer, pero las oraciones, si se hacían, no salían del corazón. Su padre, un anterior ministro, se había vuelto más y más materialista a través de los años. Llevó a la familia a Alemania a mediados de los 1930 para dirigir una fábrica de cámaras. Así es como quedaron atrapados en Alemania cuando las tropas de Hitler comenzaron a marchar.

Medita en Filipenses 1:20-21. Una vez más, Pablo sirve como un perfecto modelo y ejemplo. ¿Cuál era una de sus preocupaciones mientras se enfrentaba con la probabilidad de ser ejecutado?

En la cárcel a todos los prisioneros repetidamente se les negaba comida por largos lapsos de tiempo. Luego llegó un devastador período de doce días sin nada excepto un poquito de agua con sabor a café al día. Muchos de los hombres murieron. Desde su solitaria celda, John podía oír cuando sacaban los cadáveres arrastrándolos, la cabeza golpeando las gradas. La desesperanza y el desaliento eran como una nube a su alrededor. Pero durante ese tiempo de lenta y dolorosa muerte por hambre, Dios en su gracia se reveló a John Noble.

Por supuesto que había orado durante el comienzo de su cautiverio. De hecho, había orado con frecuencia, pidiendo a Dios comida, seguridad, y liberación. Pero cuando le fue dada fe para confiar en Cristo, el enfoque de sus oraciones cambió de preservación de sí mismo a una humilde entrega a la voluntad de Dios. Ahora, ya fuera que viviera o muriera, estaba sometido a Dios. Ya no se pertenecía a sí mismo. Como resultado, ya no tenía miedo. Una paz que sobrepasaba toda comprensión humana se apoderó de su alma.

La oración hará que el hombre deje de pecar, o el pecado tentará al hombre a dejar de orar.
— John Bunyan

El padre de John, uno de sus compañeros de cárcel en Dresde, también volvió a dedicar su vida a Cristo y recibió la misma gracia para orar diciendo, “pero no se cumpla mi voluntad, sino la tuya”. Aunque habían de pasar varios años más en la cárcel, después escribieron de no tener nada de qué lamentarse. Nunca se sintieron más ricos espiritualmente ni más cerca de Cristo que cuando, naturalmente hablando, las cosas parecían más inexorables. Y su confianza en Jesús, que era tan preciosa para ellos, les dio el poder para reclamar la miserable vida de muchos otros. Durante toda su terrible experiencia, la humilde oración de sumisión a la voluntad de Dios mantuvo su corazón tierno y cerca de Él.

Como puedes ver, la oración – junto con la Palabra de Dios y una conciencia regenerada – son poderosas herramientas en la mano del Espíritu. Tienen un admirable potencial para conformarnos a la imagen de Cristo. Ahora que tienes cierta idea de cómo funcionan éstas, hurguemos en el resto de la caja de herramientas.

CONTINUA……..

 

WRITTEN BY: omepmd

“Soy un sencillo siervo del Señor, nacido en Bogotá Colombia he debutando como misionero entre las comunidades Indígenas de mi país, también como pastor obrero en la iglesia cruzada cristiana; actualmente me desempeño como médico y misionero en Chile; trabajamos con mi esposa e hijos en esta pagina y emisora de Internet. Nuestro lema y ferviente deseo de nuestros corazones, "Que la Iglesia se vuelva a las sendas antiguas" antes que El Señor tenga que traer lo que no ha querido traer por amor a su pueblo.”