COMO PUEDO CAMBIAR PARTE IV

¿Cómo Puedo Cambiar?

Las Herramientas Del  Oficio (I)

Allá por los días  cuando un paquete de cigarrillos todavía costaba 35 céntimos yo fumaba mucho.  Algunos podrían decir que era amigo de la nicotina, un tipo regular al estilo  Chesterfield. Yo era un adicto al tabaco y lo sabía.

Dejar de fumar no era el problema – lo había hecho una docena de veces. Pero  cuando el deseo de fumar se hacía muy fuerte, yo comenzaba otra vez. Así que  decidí dejar de comprar cigarrillos. Eso tampoco dio resultado. Sólo me  convirtió en una molestia para mis amigos, ya que siempre estaba pidiéndoles  cigarrillos. En mi punto más bajo, me encontré sacando del cenicero colillas  medio fumadas.

Por este tiempo me di cuenta de que el Espíritu Santo me estaba redarguyendo  de mis pecados y acercándome a Jesús. Aunque mi fumar era solamente una de las  evidencias de mi estado interno, parecía simbólico de mi vida entera. Estaba  atrapado. Cada vez que había intentado dejar de fumar había fracasado. No podía  ver cómo jamás podría vencer este hábito. Ni tan siquiera estaba seguro de que  quería hacerlo.

Sabía que Jesús iba principalmente tras mi corazón, no mi hábito. Con todo,  no me podía imaginar seguirlo y fumar al mismo tiempo. Así que una noche  pregunté a Larry, un creyente a quien acababa de conocer, si un tipo podía ser  cristiano y seguir fumando. Esa era mi versión de la pregunta de los fariseos  para atrapar a Jesús sobre el pago de los impuestos al César. Pensaron que  podían atraparlo de cualquier manera que contestara.

Medita  en Romanos 8:29. ¿Cuál es el aspecto del carácter de Jesús que te gustaría  de verdad ver en tu propia vida?

Mi estrategia era algo como esto. Si Larry contestaba, “No – nadie puede ser  cristiano y fumar,” yo solemnemente pronunciaría su respuesta como legalista y  contraria al principio de que Dios mira el corazón. Por otro lado, si decía, “Sí, no hay problema”, entonces yo podía despedir el cristianismo como un  conjunto sin significado de creencias que no tenían ningún poder. Pero la  pregunta no era totalmente cínica. Parte de mí desesperadamente quería creer – y  ser libre.

Bueno, Larry me dio una respuesta con la que yo no había contado. “Supongamos”, dijo, “que tú quisieras animar a alguien a confiar en el Señor.  ¿Crees que tendrías más efecto como testigo con un cigarrillo en la mano  o sin uno?”

Hmmmm…buena respuesta. De repente el asunto no era el fumar, sino si yo  quería que mi vida glorificara a Dios o no. En realidad era un asunto de motivo.

No soy de la opinión de que a la persona con verdadera fe en Jesucristo se le negaría la entrada al cielo por tener un paquete de cigarrillos en su bolsillo. Pero eso no tiene nada que ver con el asunto, pues el propósito de Dios en la santificación es que seamos conformados a la imagen de Jesucristo. Y yo no puedo imaginarme a Jesús acercarse a la mujer samaritana (Jn 4:7-18) y decir, “¿Tienes fuego? Gracias. Ahora, hablemos de tu pecado. ¿Cuántos esposos has tenido?”

Gracia  no es simplemente poca severidad cuando hemos pecado. Gracia es el don de Dios  que permite no pecar. Gracia es poder, no sólo perdón. — John Piper

Por cierto, yo ya no soy un tipo regular al estilo Chesterfield. Dios tenía  medios disponibles para ayudarme a dejar el vicio – los mismos medios que  examinaremos en estos dos próximos capítulos. Pero, de primera importancia era  mi motivo. Dios siempre ayudará a aquel cuyo motivo es correcto, que en realidad  quiere glorificarlo y hacer su voluntad. Pero no nos dejará usarlo simplemente  para mejorar la calidad de nuestra vida o cambiar nuestras circunstancias. El no  busca nada menos que nuestro corazón. En la santidad, el motivo siempre precede  a los medios.

Antes de ahondar más en la próxima sección, repasemos rápidamente lo que  hemos aprendido hasta aquí sobre el plan de Dios para la santificación. Somos  nuevas creaciones que gozamos de una viva unión con Jesucristo. Pero todavía  estamos en una batalla. Experimentamos tanto guerra como paz interior; luchamos  con el pecado y reposamos en Cristo.

1  ¿Puedes encontrar un versículo bíblico que demuestra que somos impotentes para  ganarnos la salvación de Dios? (Si no sabes dónde buscar, trata Efesios capítulo  2.) 

Un claro entendimiento de esta tensión entre el “ahora y el todavía no” te  guardará de ciertas serias mal interpretaciones. Por ejemplo, sólo porque te  encuentras con severas tentaciones y batallas espirituales no quiere decir  necesariamente que has cometido algo malo. Una persona santa no es la que nunca  tiene ningún conflicto espiritual, ni que ya ha alcanzado la perfección. Más  bien, una persona santa es la que se está haciendo más como Cristo a través del  proceso de obedecer a Dios en medio de las luchas cotidianas de la vida.

Aprendamos del Maestro

Como la mayoría de los hombres, yo tengo gran afición por las herramientas.  Todavía puedo recordar mi emoción cuando mis amigos me dieron una caja de  herramientas nuevecita, completamente equipada en la fiesta de mi despedida de  soltero. No me aguantaba porque terminara la fiesta para poder jugar con mis  nuevas herramientas. De hecho, estaba tan ansioso que me herí el dedo tratando  de abrir la caja.

Para  más estudio: Lee Romanos 3:9-12. ¿Consideras ésta una justa descripción de  ti mismo? Si no, ¿qué evidencia bíblica encuentras a lo contrario?

Cualquier cristiano genuino admitirá que tiene seria necesidad de reparación  espiritual. ¡Qué seguridad tenemos en saber que el Espíritu Santo tiene las  herramientas correctas para hacer esas reparaciones – para santificarnos!  Todavía más importante, él personalmente tiene la responsabilidad de enseñarnos  cómo usar esas herramientas para que maduremos y cambiemos. Y Él nos puede  enseñar cómo usarlas sin que nos hagamos daño a nosotros mismos.

Como la tercera persona de la Trinidad, el Espíritu Santo es quien cambia  nuestra vida. El Espíritu de Dios participa en nuestra salvación de principio a  fin. Ser regenerados (nacidos de nuevo) es nacer del Espíritu. Tanto el  arrepentimiento como la fe – los dos lados de la conversión – son dones que da  el Espíritu.<ref>Anthony A. Hoekema, Saved by Grace (Grand Rapids,  MI: Eerdmans Publishing Co., 1989), p. 29.</ref> Él está activo en nuestra  justificación y en nuestra adopción. Él nos llena, intercede por nosotros, nos  sella en Cristo para el día de la redención, y al final nos glorificará.

Dios  no deja ni tan siquiera el asunto de la conversión finalmente en manos del  hombre…Ni tampoco Dios deja al riesgo incierto nuestro crecimiento y  perseverancia y santidad. Más bien, Él dice, ‘Infundiré mi Espíritu en ustedes,  y haré que sigan mis preceptos y obedezcan mis leyes’ (Ezequiel 36:27). Es el  Señor mismo quien obra en nosotros para querer y hacer su buena voluntad  (Filipenses 2:12-13; Hebreos 13:21).[2] – John Piper

Pero ahora nos ocupamos con el Espíritu Santo en su papel como santificador.  Somos los que han sido “elegidos…según la previsión de Dios el Padre, mediante la obra santificadora del Espíritu, para obedecer a Jesucristo y  ser redimidos por su sangre” (1P 1:2). A través del resto de este capítulo y el  próximo, examinaremos algunas de las herramientas con las que Él tan eficazmente  obra en nosotros.

La Palabra de Dios

La Biblia es la singular revelación de Dios al hombre. Nos dice verdades que  jamás podríamos encontrar en ninguna otra fuente, como la manera en que comenzó  el mundo, lo que sucede después que morimos, y así por el estilo. También nos  dice algunas cosas que jamás hubiéramos querido saber: somos nacidos en  pecado, estamos en necesidad de redención, y somos incapaces de agradar a Dios  por nosotros mismos. ¡Alguien ha dicho que la Biblia debe ser la Palabra de Dios  porque el hombre jamás escribiría algo tan desaprobante de sí mismo!

Medita  en Jeremías 23:29. ¿Alguna vez has sentido el poder de la Palabra de Dios  como se describe en este pasaje?

La Biblia no nos adula, ni tampoco enseña – como lo hacen virtualmente todas  las religiones – que el hombre puede perfeccionarse a sí mismo. De hecho, la  Escritura es pesimista hasta el extremo respecto a la innata habilidad del  hombre. Es por eso que es una herramienta tan valiosa y esencial en la  santificación del hombre. Jesús mismo confirmó esto cuando oró al Padre, “Santifícalos en la verdad; tu palabra es la verdad” (Jn 17:17).

El libro clásico de John Bunyan, El Progreso del Peregrino empieza  cuando el héroe, Cristiano, encuentra “el libro”…y ese fue el comienzo de sus  problemas. Pero también fue el comienzo del final de sus problemas. El Espíritu  Santo y la Biblia conspiran juntos para convencernos de nuestra gran  necesidad de Dios. Pero tal como descubrió Cristiano, ellos nos convencen para  poder convertirnos, y nos convierten para poder transformarnos:

Pero tú, permanece firme en lo que has aprendido y de lo cual estás  convencido, pues sabes de quiénes lo aprendiste. Desde tu niñez conoces las  Sagradas Escrituras, que pueden darte la sabiduría necesaria para la salvación  mediante la fe en Cristo Jesús. Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil  para enseñar, para reprender, para corregir y para instruir en la justicia. (2  Ti 3:14-16)

Medita  en Salmo 32:8-9. Si ignoramos la Escritura, Dios quizás tenga que sacar la  brida y el freno.

Como Pablo hace claro en esta carta a Timoteo, la Escritura tiene un singular  poder para producir cambio en el cristiano. Nos enseña las leyes y los  caminos de Dios, luego nos reprende cuando no cumplimos con esa  instrucción. Pero también nos corrige. No sólo nos dice que estamos  equivocados; sino que nos vuelve a levantar y nos pone en el camino recto.  Finalmente, nos instruye en justicia, enseñándonos cómo vivir.

¿Alguna vez has notado que se usan muchas vívidas metáforas para describir la  Palabra de Dios?

Es nuestro alimento y bebida espiritual. “No sólo de pan vive el  hombre, sino de todo lo que sale de la boca del SEÑOR” (Dt 8:3). La escritura es  leche para los pequeños y comida sólida para los maduros (Heb 5:12-14).

Es un espejo. “El que escucha la palabra pero no la pone en práctica  es como el que se mira el rostro en un espejo y, después de mirarse, se va y se  olvida en seguida de cómo es” (Stg 1:23-24). La Biblia nos muestra a nosotros  mismos tal como Dios nos ve. Es una verificación de la realidad, que revela  quién y qué en realidad somos.

Es una luz. “Tu palabra es una lámpara a mis pies; es una luz en mi  sendero” (Sal 119:105). La Escritura nos muestra la manera en que debemos vivir  y lo que debemos evitar.

Es semilla. “Un sembrador salió a sembrar…La semilla es la palabra  de Dios” (Lc 8:5,11). Cuando se siembra en el buen terreno de un corazón  receptivo, da mucho fruto.

Es una espada.“Ciertamente, la palabra de Dios es viva y poderosa, y  más cortante que cualquier espada de dos filos. Penetra hasta lo más profundo  del alma y del espíritu, hasta la médula de los huesos, y juzga los pensamientos  y las intenciones del corazón” (Heb 4:12).

Lo que todas estas figuras tienen en común (y hay más) es la absoluta  necesidad y utilidad de la Escritura. Nada sobre la Biblia es superfluo, y no  necesita suplemento. Es suficiente para todas las cosas que tienen que ver con  la salvación y la santidad, “a fin de que el siervo de Dios esté enteramente  capacitado para toda buena obra” (2 Ti 3:17).

Para  más estudio: ¿Es suficiente solamente oír la Palabra para producir cambio?  (Ve Mateo 7:24-27; Juan 14:21-24; Santiago 1:22))

En generaciones pasadas, la inspiración e infalibilidad de la Santa Escritura  ha sido atacada repetidamente. Hoy la suficiencia de la Biblia es puesta en duda  por los que sugieren, abierta y sutilmente, que es incapaz de tratar con algunos  de los interrogantes más profundos y necesidades más fundamentales de la  humanidad. Pero la Biblia de ninguna manera depende de ninguna fuente externa de  conocimiento. Es más que suficiente. Este maravilloso libro es la herramienta  principal del Espíritu Santo para cambiarnos.

¿Cómo ocurre ese cambio? Cuando oímos y aplicamos la Palabra de Dios, que  también se conoce como obediencia. Eso sólo sucederá consistentemente a medida  que nos comprometemos con las siguientes disciplinas:

Algunos  amigos míos practican una disciplina de ‘no Biblia, no desayuno’. Algunos la  leen por la noche. Otros pasan momentos con Dios durante el día. Pero yo no  conozco a ninguno que tenga un andar profundamente espiritual que no pase tiempo  todos los días con Dios en su Palabra. Es indispensable. Exige de un compromiso  específico.[3] — Jerry White

Apartar un tiempo regular para leer la Biblia…y cumplir con la cita. Lo primero por la mañana es para muchos el mejor momento. Por supuesto que  eso quizás signifique acostarte más temprano para dormir lo suficiente. Si no  estás leyendo tu Biblia regularmente, y no pareces poder ponerlo en tu horario,  es porque algo menos importante se ha hecho muy importante. Averigua lo que es y  haz cambios. Sé despiadado.

2  Según una encuesta de Barna, 73% de los norteamericanos dicen que es importante  leer la Biblia. Un asombroso 93% de hogares en los Estados Unidos tienen por lo  menos una Biblia. Pero fíjate con cuánta frecuencia en realidad se abren esas  Biblias…luego marca el cuadrado que refleja más correctamente tu propio hábito  de lectura.En una semana promedio, los norteamericanos leen la Biblia…❏Todos los días 12%

❏Varios días 15%

❏Un día 16%

❏Nunca 57%

Una distracción mayor son las noticias y la información. En esta edad de  comunicación instante y global, muchos cristianos pasan más tiempo con los  periódicos, revistas de noticias, y noticieros que con el Señor. Ahora hay más  cosas que nunca para sobresaltarnos, airarnos, asustarnos, y robarnos tiempo  precioso. Pero no hay manera posible para poder controlar o responder a todo lo  que está sucediendo. Por supuesto que no estoy sugiriendo ignorancia o inacción,  pero si el periódico o las noticias de la noche invaden tu estudio de la Biblia,  entonces es tiempo que hagas ajustes mayores.

Comprométete a un plan de estudio específico.Leer a través de la NIV Study Bible me ha dado buen resultado a mí. De esta manera me veo  obligado a leer esas porciones de la Escritura que podría considerar menos  importantes o menos interesantes. Se toma una lectura completa de la Biblia para  desarrollar una imagen completa de Dios. Como dijo una vez el difunto A.W.  Tozer, “Podemos tener una opinión correcta de la verdad solamente al atrevernos  a creer todo lo que Dios ha dicho de sí mismo”.<ref>A.W. Tozer, Gems  From Tozer (Harrisburg, PA: Send the Light Trust/ Christian Publications,  Inc., 1969), p. 4.</ref>

Para  más estudio: Timoteo se benefició inmensamente al tener a Pablo como su  mentor. Para ver el impacto de esta relación lee 2 Timoteo 1:13-14 y 3:10-15.

Hay un buen número de buenos recursos que pueden mejorar tu tiempo diario con  la Palabra. Hemos puesto unos cuantos en la sección “Lectura recomendada” al  final de este capítulo. Variar tu método de vez en cuando hará más placentera y  beneficiosa esta disciplina.

La  palabra escondida comunica el pensamiento de guardar algo para los tiempos de  futura necesidad. Hacemos esto al meditar continuamente en la Palabra de Dios,  al pensar constantemente en ella, y aplicar sus verdades a las situaciones  diarias de la vida. Yo personalmente he encontrado que un programa sistemático  para memorizar la Escritura es absolutamente necesario para la continua  meditación en la Palabra de Dios. No puedo pensar durante el día lo que no tengo  en mi corazón.[4] — Jerry Bridges

Busca a alguien que te ayude. Tu estudio de la Biblia acelerará  grandemente al relacionarte con un mentor cristiano. Aprenderás mucho  simplemente al preguntar, “¿Cómo es que tú estudias la Escritura?” También te  beneficiará (aunque no sin cierta vergüenza) cuando él o ella te pregunte, “Así  que…¿de verdad lo estás haciendo?” Ser responsable ante otra persona es de  gran beneficio. Sólo mira que la persona que te pide cuentas no tenga similares  defectos – ni el don de misericordia.

Guarda la Palabra de Dios en tu corazón memorizándote la Escritura. Pablo indica la transformación interna que ocurre a medida que comenzamos a  dejar que la Biblia dé forma a nuestros pensamientos y actitudes: “No se amolden  al mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación de su mente. Así  podrán comprobar cuál es la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta” (Ro  12:2). La memorización quizás no te sea fácil, pero a medida que tejes la  Palabra en la tela de tu vida, estarás bien preparado cuando venga la tentación  o la adversidad.

Una Conciencia Limpia

Esto afirmo. No puedo hacer lo contrario…mi conciencia es cautiva de la  Palabra de Dios. No puedo y no retraeré en nada, pues ir contra mi conciencia no  es ni correcto ni seguro. Que Dios me ayude. Amén7<ref>Quoted in Roland  Bainton, Here I Stand: A Life of Martin Luther (Nashville, TN: Abingdon  Press, 1950), p. 185.</ref>

La famosa defensa de Lutero ante la Dieta de Worms [en inglés ‘lombrices’]  (ese era el nombre del concilio oficial que lo enjuició, ¡en serio!) indica el  importante lugar que ocupa la conciencia en la vida del cristiano. También tiene  un lugar importante en nuestra santificación.

Todos nosotros sin duda nos hemos encontrado con esta misteriosa facultad  llamada conciencia. Cuando, en el sexto grado, yo tiré un aro de goma a un grupo  de estudiantes por la puerta del aula, no esperaba golpear a nadie en el ojo.  Pero así fue. Y cuando mi compañera de clase gritó de dolor, ni ella ni ninguno  de los demás sabía lo que había sucedido. Pero mi conciencia sí lo sabía e  insistió en que yo tomara responsabilidad por lo que había hecho. Yo luché  contra ello, tratando de salir con cualquier posible excusa, pero fue en vano.  Mi conciencia se negó a soltarme del anzuelo. La única manera de silenciarla fue  admitir mi culpa y aceptar las consecuencias.

Este incidente ilustra el rasgo más extraordinario de la conciencia – los  juicios que declara son completamente objetivos e imparciales.<ref>Ole  Christian Hallesby, Conscience (Minneapolis, MN: AugsburgPublishing  House, 1933), p. 14.</ref> En otras palabras, uno nunca puede ganar un  argumento con su conciencia. Siempre está trabajando, hasta en los sueños. Puede  funcionar como testigo, al decir lo que ve u oye. Puede funcionar como abogado, acusándonos por delitos o, en raras ocasiones, defendiéndonos.  También puede funcionar como juez, entregando veredictos categóricos que  no pueden ser apelados.

Medita  en Romanos 1:20-21. ¿Por qué no hay excusa para rechazar la ley moral de  Dios?

-Mentiste-, proclama la conciencia.

-¡No mentí! Sólo decía la verdad a modo de no causar ningún conflicto  innecesario.-

-Mentiste.-

La conciencia no discute el asunto. Sólo lo declara. Esta es la razón por la  que la conciencia lleva a algunos a la distracción y por la que harán todo lo  posible por apagarla, o amortiguarla con el alcohol o las drogas.

¡Grande  en realidad es el poder de la conciencia! Poderosa es la influencia que puede  ejercer en el corazón de los hombres! Puede infundir terror en la mente de  monarcas en su trono. Puede hacer temblar y sacudir a las multitudes ante unos  cuantos valientes amigos de la verdad como una manada de ovejas. Tan ciega y  equivocada como la conciencia con frecuencia es, incapaz de convertir a un  hombre o de llevarlo a Cristo, con todo es una parte muy bendita de la  constitución del hombre, y la mejor amiga en la congregación que tiene el  predicador del evangelio.[5] — J.C. Ryle

La palabra en sí quiere decir “saber junto con”. El teólogo Ole Hallesby  explica el significado de esta definición:

Es, entonces, no simplemente un saber, un conocimiento junto con algo o  alguien. Tampoco necesitamos tener duda respecto a junto con qué es lo que el  hombre en su conciencia sabe. Entre todas las razas…es una característica del  hombre que él en su conciencia sabe junto con una voluntad que está sobre y por  encima de la suya propia…Esta voluntad, que es la voluntad de Dios, es lo que  los hombres llaman la ley o la ley moral, o sea, la ley según la cual la vida  del hombre debe vivirse.<ref>Ole Christian Hallesby, Conscience, p.  12.</ref>

Aunque imparcial, la conciencia no es infalible. Puede estar mal informada.  Puede ser demasiado sensible. O, si ha sido represada rutinariamente, quizás yo  sea absolutamente sensible. La persona que ignora su conciencia se dirige al  desastre. Pronto perderá la habilidad de distinguir entre la iniquidad y la  justicia, entre el bien y el mal. Esto explica mucho sobre nuestra sociedad…y  sobre mi primer encuentro con las drogas

Cuando yo tenía dieciocho años un amigo me dio un porro (un cigarrillo de  mariguana). Era 1968 y las drogas acababan de comenzar a filtrarse en los  suburbios de Washington, D.C. donde yo vivía. Yo sabía que era ilegal. Yo sabía  que era malo. Mi conciencia me gritaba…pero yo lo hice de todos modos. Un par  de días después me fumé otro porro, y otra vez sonó la sirena de mi conciencia.  Sólo que esta vez no era tan fuerte. Después de media docena de veces, casi ni  la podía oír. Como resultado, poco a poco perdí mi compás moral. En esas raras  ocasiones cuando apenas podía distinguir la voz de mi conciencia, la consideraba  como una molestia y una aguafiestas.

Si el hombre cauteriza su conciencia pronto la verá como una maldición. Pero  Dios no dio la conciencia para bendecirnos. No siempre trae noticias  placenteras. Puede excusar como también acusar, felicitar como también condenar.  Y como dijo Pablo al joven Timoteo, la conciencia es una salvaguarda esencial de  la vida cristiana:

Timoteo, hijo mío, te doy este encargo porque tengo en cuenta las profecías  que antes se hicieron acerca de ti. Deseo que, apoyado en ellas, pelees la buena  batalla y mantengas la fe y una buena conciencia. Por no hacerle caso a su  conciencia, algunos han naufragado en la fe. (1Ti 1:18-19)

Puede que la conciencia sea una arma sencilla, pero es altamente eficaz en la  batalla contra el pecado. “No hacerle caso a la conciencia” es lo mismo que  cometer suicidio espiritual.

3  Lee Efesios 4:25-32, luego toma un minuto para escuchar a tu conciencia. ¿Te das  cuenta de alguna ofensa sin confesar contra Dios u hombre? Una conciencia limpia es uno de los beneficios más preciosos del nuevo  nacimiento. “Así que, hermanos, mediante la sangre de Jesús,” dice el escritor  de Hebreos, “Acerquémonos, pues, a Dios con corazón sincero y con la plena  seguridad que da la fe, interiormente purificados de una conciencia culpable” (Heb 10:19,22; Heb 9:14). ¡Qué gracia la de Cristo de purgarnos con su sangre de  las asquerosas manchas de nuestros pecados pasados! Ahora que tenemos una  conciencia limpia, debemos esforzarnos para mantenerla así.

La conciencia funciona como una luz de advertencia en el tablero de mandos de  nuestra vida, y necesitamos poner atención cuando se enciende intermitentemente.  El proceso es el mismo que cualquier mecánico de automóviles seguiría:  determinar de dónde proviene la dificultad y luego corregirla. Por lo regular la  solución tiene que ver con confesar el pecado y pedir perdón.

Después de cometer adulterio con Betsabé y de asesinar a Urías, el rey David  siguió como si nada hubiera ocurrido durante meses ignorando la luz roja de su  conciencia. Él nos escribe sobre su experiencia en el Salmo 32:

Medita  en Hechos 24:16. ¿Pablo daba por sentado la conciencia?

Dichoso aquel a quien se le perdonan sus transgresiones, a quien se le borran  sus pecados. Dichoso aquel a quien el SEÑOR no toma en cuenta su maldad y en  cuyo espíritu no hay engaño. Mientras guardé silencio, mis huesos se fueron  consumiendo por mi gemir todo el día. Mi fuerza se fue debilitando como al calor  del verano, porque día y noche tu mano pesaba sobre mí. Pero te confesé mi  pecado, y no te oculté mi maldad. Me dije: ‘Voy a confesar mis transgresiones al  SEÑOR’, y tú perdonaste mi maldad y mi pecado. Por eso los fieles te invocan en  momentos de angustia; caudalosas aguas podrán desbordarse, pero a ello no los  alcanzarán. (Sal 32:1-6)

Para  más estudio: Escribe Salmo 139:23-24 en una tarjeta pequeña y ponla en un  lugar donde te sirva de recordatorio diario.

Mientras David guardó silencio su conciencia no calló. El pecado sin confesar  lo llevó a la angustia espiritual y física. Pero el perdón y la liberación le  llegaron tan pronto como reconoció su comportamiento y se arrepintió. El  testimonio de David muestra que una conciencia limpia podría curar muchos de los  problemas que tenemos, incluso muchos que son llamados “enfermedades mentales” o “depresión”.

Se  llegó el momento de que nosotros los cristianos hagamos frente a nuestra  responsabilidad con la santidad. Con demasiada frecuencia decimos que somos ‘derrotados’ por este o aquel pecado. No, no somos derrotados; simplemente somos  desobedientes. Podría ser algo bueno si dejáramos de usar las palabras ‘victoria’ y ‘derrota’ para describir nuestro progreso en la santidad. Más bien  debemos usar las palabras ‘obediencia’ y ‘desobediencia’.[6] — Jerry Bridges

Cuando el cristiano tiene una conciencia saludable, le advertirá antes  de iniciar un acto malo. Durante el acto la conciencia podría guardar  silencio. Pero después de verdad se dejará oír. Las palabras, los  pensamientos, las actitudes, y los motivos también pasan bajo su implacable  escrutinio. Recuerda – esto es una bendición.

Una conciencia activa fomenta el examen de sí mismo que marca al cristiano en  crecimiento. Es una tremenda aliada de la verdad.Como se mencionó arriba, el  peligro principal es que faltamos en obedecer a la conciencia y ésta se  cauteriza. El cristiano sin una conciencia limpia puede ser chantajeado por el  enemigo. Al haber perdido un equipo de navegación tan crucial, ya no puede  discernir el curso correcto, y corre el riesgo de naufragar. Esto no es algo  insignificante.

Para  más estudio: Para entender las opiniones de Pablo sobre la conciencia débil  y la conciencia fuerte, lee 1 Corintios 8:4-13 y 10:23-33.

Pero una conciencia hipersensible puede ser un problema tan grande como la  que se ha cauterizado. Esto no es raro entre los cristianos serios,  especialmente cuando son recién convertidos. Los que tienen lo que a veces se  llama una conciencia demasiado escrupulosa o débil, viven en un continuo estado  de injustificada culpa. “Aquí lo más insignificante puede producir una  conciencia malvada, de hecho, una ansiedad muy insoportable. Puede ser, o un  acto insignificante, o un pequeño pensamiento o una palabra  descuidada”.<ref>Ole Christian Hallesby, Conscience, p.  142</ref> Un pedazo de basura en el suelo que no se recoge se convierte en  un pecado mayor porque “comete pecado todo el que sabe hacer el bien y no lo  hace” (Stg 4:17). O un comentario de improviso que no es absolutamente correcto  se convierte en una mentira premeditada.

Durante  esos ataques de duda, cuando el creyente en un grado excepcionalmente marcado  pierde contacto con la gracia que puede sentir, su vida entera en Dios cae fuera  de balance, como quien dice. Todos los valores espirituales se distorsionan, y  tiende a perderlos totalmente de vista. Ya no parece poder beneficiarse de sus  anteriores experiencias cristianas ni de su anterior perspicacia sobre asuntos  espirituales. Los asuntos esenciales y los no esenciales se convierten en una  confusa masa en lo que a él respecta. Dios le enseñará en momentos así cuán  impotente es en sí mismo tanto en la moralidad como en la religión. [7] — Ole Christian Hallesby

Como ilustran estos ejemplos, los que tienen una conciencia demasiado  escrupulosa yerran al exaltar la letra del versículo bíblico por encima del  espíritu del versículo. Recuerda, Dios está más interesado en el motivo del  corazón que en los detalles externos.

También es posible que falten en distinguir entre la tentación y el pecado.  Es cierto que con frecuencia la una lleva al otro, pero no son lo mismo. La  tentación es inevitable, pero no es necesario que dé a luz el pecado. Como dijo  Lutero, “No puedes evitar que los pájaros vuelen sobre tu cabeza, pero puedes  evitar que hagan un nido en tu pelo”.

Mi consejo a los que tienen una conciencia hipersensible es que busquen el  consejo de un cristiano maduro – un pastor o el líder de un grupo pequeño que  pueda ayudarles a separar lo esencial de lo no esencial. También la activa  participación en el ministerio de grupos pequeños de tu iglesia es indispensable  para mantener una conciencia saludable.

La Oración  Continua……………….

WRITTEN BY: Oscar Mauricio Escobar Porras

“Soy un sencillo siervo del Señor, nacido en Bogotá Colombia he debutando como misionero entre las comunidades Indígenas de mi país, también como pastor obrero en la iglesia cruzada cristiana; actualmente me desempeño como médico y misionero en Chile; trabajamos con mi esposa e hijos en esta pagina y emisora de Internet. Nuestro lema y ferviente deseo de nuestros corazones, "Que la Iglesia se vuelva a las sendas antiguas" antes que El Señor tenga que traer lo que no ha querido traer por amor a su pueblo.”