CONTINUAMOS CON: COMO PUEDO CAMBIAR PARTE II

Poda Tu Propio Césped

La santificación es un proceso de arrepentimiento que dura toda la vida (no de recuperación) y obediencia (no sanidad interna) que resulta en santidad (no
integridad) para la gloria de Dios (no la satisfacción personal). Esta doctrina
es sucintamente expresada en Colosenses 3:1-17. Si todavía no lo has hecho, por
favor toma un minuto para leer ese pasaje antes de continuar.

Es importante ver la transición que Pablo hace en este tercer capítulo. Los
primeros dos capítulos de Colosenses enfatizan la supremacía y suficiencia de
Cristo. Él enfatiza esto otra vez al comienzo del capítulo 3. Pablo conscientemente evitó enseñar a los colosenses sobre la santificación antes de
que primero entendieran la obra de Cristo por ellos y dentro de ellos. Hasta que
captaran lo que significa ser reconciliados con y regenerados por Dios, él sabía
que no serían debidamente motivados por la gracia.

Ni nosotros tampoco. Esto es porque el segundo y el tercer capítulos de este
libro subrayan la regeneración y nuestra unión con Cristo. También hemos escrito un libro sobre la doctrina de la justificación llamado This Great Salvation
[Esta gran salvación]. Como Pablo, queremos motivar por gracia. Una vez se
ha establecido ese fundamento, entonces podemos ir tras la santidad sin desviarnos hacia el legalismo o el libertinaje.

Pablo define el proceso de la santificación con dos sorprendentes frases:
Debemos “abandonar” el pecado y “revestirnos” de rectitud (Col 3:8,12). Es sólo
por lo que Cristo ha logrado en la cruz y el milagro de regeneración que podemos
obedecer estos mandamientos. Y sin embargo esos dos imperativos sobrenaturales ahora nos dejan sin excusa. Si la gracia no resulta en santidad, entonces no hemos entendido correctamente lo que es la gracia. Dios totalmente espera que cambiemos, crezcamos, y maduremos. Como exhorta F.F. Bruce, “Ahora sean (en práctica de verdad) lo que saben que son (por un acto divino)”

Medita
en Colosenses 1:15-20.
Juzgando por esta descripción, ¿crees que Jesús es
suficiente para regenerarte y redimirte?

Por favor fíjate que Pablo dice que debemos “abandonar” y “revestirnos”.
Tenemos el privilegio y la responsabilidad de participar en el cambio. Aunque la
santificación no es una obra menos sobrenatural del Espíritu Santo que la
regeneración, hay una diferencia fundamental: en la santificación tenemos un
papel crítico. “Dios obra en nosotros y con nosotros”, dijo el gran pastor
puritano John Owen, “no en contra de nosotros ni sin nosotros”.

Frases como “Deja de tratar y comienza a confiar” o “Desiste y deja que Dios”
se prestan para imprimir en placas populares pero expresan una mala teología.
Los que dicen que “Todo esfuerzo es malo” se equivocan tristemente. En realidad, la Biblia nos instruye a que busquemos “la santidad, sin la cual nadie verá al Señor” (Heb 12:14). Esta es esfuerzo motivado por gracia, por supuesto, no obstante es esfuerzo. Dios no nos ha dicho que oremos o que simplemente
confiemos en Él para recibir santidad; Él dice, “ejercítate en la piedad” (1Ti 4:7). Hemos de obedecer en el poder del Espíritu Santo.

Pablo clarifica esta combinación de la obra de Dios con nuestra responsabilidad cuando escribe, “lleven a cabo su salvación (no trabajen para) con temor y temblor, pues Dios es quien produce en ustedes tanto el querer como el hacer para que se cumpla su buena voluntad” (Fil 2:12-13). Aunque nuestro esfuerzo aparte de la obra de Dios sería inútil, la santificación no se puede delegar a Dios. Cada uno de nosotros debe podar su propio césped.

¿Qué forma toma nuestra responsabilidad? ¿Cómo cumplimos con el mandamiento bíblico de deshacernos del pecado? La Escritura ofrece una estrategia de dos partes.

Estrategia #1:
Atacar el Pecado

Me encanta la postura ofensiva contra el pecado del Nuevo Testamento. En
ninguna parte es eso más evidente que en el mandamiento terso del apóstol Pablo a los colosenses: “Por tanto, hagan morir todo lo que es propio de la naturaleza terrenal” (Col 3:5). En la batalla por la santidad personal, la agresividad es tanto un mandamiento como una necesidad. Debemos ser implacables. Debemos ir al ataque.

Pablo usa aquí una violenta metáfora no simplemente para captar nuestra
atención sino para subrayar un aspecto crítico de la santificación. Hemos de
matar cualquiera y toda manifestación de pecado en nuestro corazón. Debemos
tomar la iniciativa para matar el pecado a diario.

Jesús llegó hasta decir, “si tu ojo derecho te hace pecar, sácatelo y tíralo.
Más te vale perder una sola parte de tu cuerpo, y no que todo él sea arrojado al
infierno” (Mt 5:29). Él también recomendó amputarse una mano por la misma razón. ¿Jesús ordenaba una mutilación de verdad aquí? Yo creo que no, porque la mano o el ojo no es la causa principal. Jesús a propósito usó imágenes vivas para decir: Debemos reconocer la seriedad del pecado y tratar decisivamente con él. Resistir el pecado cuando somos tentados no es suficiente. Debemos dar pasos drásticos para atacar y matar el pecado en nuestra vida. John Owen nos exhorta a ir tras “una victoria sobre él, e ir tras una conquista completa… el pecado no morirá de otra manera, sino sólo al ser gradual y constantemente debilitado; si lo excusas, él sana sus heridas y recobra fuerza”.

La disciplina espiritual de dar muerte al pecado, de otra manera conocida
como mortificación, es una área muy descuidada de la verdad. La mayoría de
nosotros tenemos tanta familiaridad con este tema como con las letrinas.
“Nuestros padres hablaban de mortificar el pecado”, nota Sinclair Ferguson.
And J.I. Packer laments, “It is a theme on which no contemporary writing of
significance seems to be available.” Eso no es sorprendente, pero es revelador. ¿Puedes imaginarte un libro titulado ¡Muerte al pecado! como un éxito de librería?

Necesitamos cultivar en nuestro propio corazón el mismo odio al pecado que tiene Dios. El odio al pecado como pecado, no sólo como algo inquietante o destructivo para nosotros, sino como algo desagradable a Dios, yace en la raíz de toda santidad. Jerry Bridges

La mortificación no es popular porque tiende a ser difícil. Pregunta a la
persona que está tratando de someterse alegremente a un jefe que repetidamente
le ha negado un ascenso bien merecido. Pregunta a la pareja de recién
convertidos, que están sin casarse y que ahora deben controlar los deseos
sexuales que han gratificado por años. Pero escucha: esto no es un fin de semana de golf. Esta es una guerra. La santidad y el discipulado son guerra.

Atacar el pecado no es algo complejo. Y aunque yo quiero decir esto con sensibilidad, también quiero decirlo con firmeza: Tu habilidad para atacar el
pecado no depende de tu pasado. No tenemos ninguna excusa aceptable para el
pecado. Nunca se considera como una debilidad comprensible.

Medita en 2 Corintios 10:3-5. En términos de guerra espiritual, ¿Pablo era un
“halcón” o una “paloma”?

Podemos tomar consuelo para nuestra alma si sabemos algo de la lucha y el conflicto interno. Es el invariable compañero de la genuina santidad cristiana…¿Encontramos en lo más profundo de nuestro corazón una lucha
espiritual? ¿Sentimos algo de la carne que codicia contra el espíritu y el
espíritu contra la carne…? ¿Nos damos cuenta de dos principios dentro de
nosotros que contienden para dominar? ¿Sentimos algo de la guerra en nuestro
hombre interior? Bueno, ¡demos gracias a Dios por ello! Es una buena señal. Muy probablemente es evidencia de la gran obra de la santificación…Evidentemente no somos amigos de Satanás…El mero hecho de que él nos asalta debe llenar nuestra mente de esperanza.
J.C. Ryle

Vivir como cristiano quiere decir vivir en las trincheras. Sinclair Ferguson
lo dice tan bien como lo podría decir cualquiera

¿Qué es, entonces, esto de matar el pecado? Es la constante batalla contra el
pecado que debemos llevar a diario – negarse a permitir que el ojo desvaríe, que
la mente contemple, que los afectos vayan tras cualquier cosa que nos apartará
de Cristo. Es el deliberado rechazo de todo pecaminoso pensamiento, ugerencia,
deseo, aspiración, hecho, circunstancia o provocación en el momento en que nos damos cuenta de su existencia. Es el consistente esfuerzo por hacer todo lo que está en nuestro poder para debilitar el apretón que tiene el pecado en general, y sus manifestaciones en nuestra propia vida en particular. No se logra con sólo decir “no” a lo que es malo, sino con una determinada aceptación de todas las buenas y espiritualmente nutritivas disciplinas del evangelio.

¿Describe esto tu actitud? ¿Hacia cuál fin están dirigidas principalmente tus
energías, recreación o justicia? ¿Indulgencia a sí mismo o control de sí mismo?
¿Estás preparado para hacer lo que sea necesario para ganar la guerra? Si así es, ¿cuál es tu estrategia para atacar el pecado en tu vida ahora mismo?

Medita
en Gálatas 5:16-17.
¿Por qué todo cristiano genuino experimenta inquietud
interna?

Estrategia #2:
Evitar el Pecado

Continuará………………

WRITTEN BY: omepmd

“Soy un sencillo siervo del Señor, nacido en Bogotá Colombia he debutando como misionero entre las comunidades Indígenas de mi país, también como pastor obrero en la iglesia cruzada cristiana; actualmente me desempeño como médico y misionero en Chile; trabajamos con mi esposa e hijos en esta pagina y emisora de Internet. Nuestro lema y ferviente deseo de nuestros corazones, "Que la Iglesia se vuelva a las sendas antiguas" antes que El Señor tenga que traer lo que no ha querido traer por amor a su pueblo.”